Es inacabable como su Chin chin, como las historias que atesora en su mente, es insufrible y estrafalario, ha librado a la muerte más de 4 veces y es que es el intérprete entrañable de canciones que quedarán congeladas en el tiempo, ese tiempo ante el cual Jimmy no piensa perder, tiempo al que le es indiferente.
Hace algunos años mi papá trabajaba en la comisaría de Jesús María, es ahí donde conoció a Jimmy pues el Sr. Santi vive a los alrededores de dicha jurisdicción. Hace unos meses, en una salida familiar, estábamos caminando por la avenida Larco, y d
e casualidad nos topamos con él, mi padre se saludo con su viejo amigo y quedamos en que unos de esos días Jimmy iría a mi casa a almorzar.Son la 1:30 de la tarde, tocan el intercomunicador e ingresa a mi departamento Jimmy Santi, en cuanto se me acerca, aprecio sus destellantes joyas colgadas en el cuello y sus imponentes anillos, llenos de piedras de colores y siluetas de animales.
De manera muy cortés saca un vino de su bolso para acompañar el almuerzo, se sienta en el sofá y empezamos a hablar.
Santiago Rogelio Farfán Holguín, nació el 5 de mayo de 1941, pero Jimmy Santi nació 17 años después, cuando el cazatalentos nuevaolero Enrique Lynch lo vio en el programa televisivo “Quien estudia triunfa”. Con un brillo en los ojos Jimmy recuerda el momento en que recibió la llamada telefónica que cambiaría su vida para siempre, el inicio de su hasta ahora inmortal carrera musical.
Tenía sólo 17 años cuando empezó a grabar su primer disco y 18 cuando le llegó la etapa de ser papá, su novia Cecilia había salido embarazada y al poco tiempo llegó Eduardo, su único hijo y aunque le dio todo el amor que pudo darle, reconoce que no fue un padre excelente ya que no estaba ahí cuando Cecilia y Eduardo realmente lo necesitaban, fue por esa razón que Cecilia decidió buscar la visa para un sueño, llegando a encontrarla y partió a Estados Unidos junto con Eduardo y su nuevo amor. Jimmy quedó solo y es que en ese momento lo que más le interesaba era buscar un lugarcito en la pantalla chica, “hacerse famoso”. En una de sus tantas giras por Argentina, Chile, Brasil y Perú, más o menos por 1966 Claudio Montes, un productor argentino, le presenta a Mabel Luna, una escultural vedette argentina. “Quedé embobado con ella, me convertía en un completo imbécil cada vez que la veía, ella me miraba como un chiquillo, no decía nada y es que era uno más. Jajajaja, ni se imaginaba lo que nos deparaba el futuro, ella y yo triunfando por el mundo, repartiendo talento por doquier”. Dice Jimmy mientras mueve la cabeza sin parar.


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